Mejor que un preservativo
Desarrollan un gel que se vuelve semisólido en contacto con el semen y bloquea la transmisión del HIV.
Una nueva y prometedora variante del tan anunciado como esperado gel vaginal para bloquear el HIV podría convertirse en realidad algún día, según un estudio publicado la semana pasada en la edición online de la revista Advanced Functional Materials. Pero mientras el soñado producto avanza a paso lento hacia el mercado, los científicos tienen aún por delante un desafío más grande: lograr que las mujeres usen este gel, o cualquiera similar. A diferencia de las versiones anteriores de microbicidas, este gel funciona como un preservativo. Se aplica con un dispositivo aproximadamente una hora antes de tener relaciones sexuales y se vuelve semisólido al entrar en contacto con el semen, bloqueando físicamente el paso del HIV (y teóricamente, de otros virus y del mismo semen) y evitando de esa forma que se desplace a través de la vagina. (El gel se disuelve después del acto sexual). “Es el primer microbicida de su tipo”, afirma Patrick Kiser, un bioingeniero de la Universidad de Utah y autor principal del estudio. “Impide que el virus tenga contacto con el tejido vaginal.” La nueva mezcla de polímeros podría tener sus primeros ensayos clínicos dentro de tres años y, si todo sale bien, estaría disponible para un uso generalizado pocos años después.
La necesidad de métodos de prevención del HIV que las mujeres puedan controlar es sin duda urgente. A escala mundial, las mujeres representan la mitad de las infecciones; en el África subsahariana, donde la enfermedad está más extendida, representan el 60 por ciento de los casos. La razón es simple: en esa región, las mujeres no tienen la posibilidad de exigirles a sus parejas sexuales que utilicen preservativos. Durante diez años, los científicos trabajaron para desarrollar un gel vaginal que bloquee el HIV, un microbicida frecuentemente llamado “preservativo molecular”. Esta forma de protección podría ser empleada sin el consentimiento de la pareja y durante mucho tiempo ha sido vista como la mejor forma de brindar a las mujeres la posibilidad de protegerse.
Pero como cualquier otro esfuerzo para ofrecer innovaciones de alta tecnología a personas de bajos recursos, el progreso fue lento. En 2007, un ensayo clínico a gran escala terminó de manera prematura cuando la sustancia -sulfato de celulosa-, aparentemente aumentó el riesgo de infección con HIV. Otro candidato, desarrollado en un laboratorio estadounidense, no soportó los calores africanos (el gel se convirtió en un líquido turbio ineficaz). Y Carraguard, un gel derivado de un extracto de algas, hizo todo el recorrido de la experimentación clínica y llegó hasta la fase III, cuando los resultados demostraron que no servía como protección contra el HIV: el gel era seguro, pero es difícil determinar qué tan bien funcionaba porque las personas que participaron en el estudio sólo lo usaron el 40 por ciento del tiempo.
El fracaso puso de relieve una objeción habitual entre algunos grupos de científicos sociales y activistas de la salud global: las soluciones de alta tecnología que vienen de los laboratorios occidentales a menudo no tienen en cuenta cuáles son las realidades locales. “Hay numerosas razones personales y culturales por las que un microbicida puede ser usado o no”, afirma Kate Morrow, una psicóloga de la Brown University que colaboró con Kiser. El hecho de no haber considerado esos factores puede haber condenado a algunos proyectos al fracaso desde el comienzo.
En el caso de Carraguard, no está claro qué fue lo que salió mal, pero David Katz, un ingeniero biomédico y profesor de ginecología de la Duke University estima que el esfuerzo para diseñar un preservativo molecular se vio perjudicado desde el principio por una falta de diversidad intelectual. “Es un problema difícil, porque las relaciones sexuales son complicadas, desordenadas y difieren culturalmente de maneras sorprendentes”, afirma. “La investigación de microbicidas fue acaparada por los virólogos, pero si uno realmente quiere resolver el problema, además necesitará tener ingenieros y psicólogos”.
En un esfuerzo para diseñar un producto más atractivo y aceptable culturalmente, Katz, Kiser y sus colegas recurrieron a ciertas fuentes aún más inesperadas. “Hemos observado la ciencia de la alimentación”, afirma. “Y resulta que los expertos en ese campo hacen un esfuerzo de investigación extraordinario en relación, por ejemplo, con la sensación del helado: no sólo sobre su sabor, sino sobre la sensación que sentimos en la boca. Así que tomamos prestada parte de esa lógica”.
Concretamente, tomaron en cuenta la idea de que la textura y la consistencia tienen su importancia. “Si el gel gotea durante la relación sexual o se siente artificial, afectará la decisión de la mujer sobre usarlo o no”, afirma Morrow. En colaboración con Katz y Kiser, Morrow examinó a los participantes en estudios de microbicidas en la región subsahariana. Muchas mujeres temen que una sensación poco natural podría ahuyentar a sus parejas, sostiene. Mientras que Morrow colaboró con Kiser en la elaboración del último gel, todavía resta ver cómo va a funcionar para las mujeres de África, donde se necesita con urgencia un sistema efectivo de prevención del HIV para las mujeres.
Un gel de larga acción que pudiera ser aplicado horas antes del acto sexual sería una ventaja. El gel de polímeros de Kiser sólo es efectivo por unas horas, pero el investigador afirma que está trabajando en una versión del producto que tenga una acción más prolongada. Mientras tanto, otros investigadores están desarrollando una versión del gel bloqueador de HIV con forma de anillo, que pueda ser insertado en la vagina y dejado allí, como los anillos de control de la natalidad que fueron tan populares en Occidente.
Cualquiera sea la forma que adopte, el preservativo molecular promete ser una de las armas más valiosas en la lucha contra el SIDA. “Cuanto más aprendemos sobre el HIV, más nos convencemos de que nunca podremos curarlo”, sostiene Katz. “Las vacunas no dieron resultado hasta ahora, y los preservativos no se usan lo suficiente. Pero en definitiva, la prevención será la clave de todo”.
Fuente/prodiario.com.ar/
